Comer Carne. ¿Es indispensable para el organismo?

Los debates con respecto a la ingesta de carnes de origen animal por el ser humano, y los verdaderos beneficios o perjuicios que esto provoca, aún no están bien definidos por la ciencia. Por ejemplo, en algunos artículos y reportajes en el medio físico o virtual, se habla mucho sobre la leche de vaca, consumida por la humanidad desde hace milenios. La leche de la vaca es para los becerros, no para los humanos. ¿Es necesario consumirla?

La lógica nos daría una respuesta negativa. De hecho, estudios recientes afirman que la ingestión de leche de vaca puede ser muy dañina para el organismo del ser humano, ya que acidifica el PH. Sin embargo, una costumbre tan milenariamente arraigada y que acarrea tras de sí a una poderosa industria, es difícil de erradicar. Exactamente los mismo ocurre con la carne.

De acuerdo con algunos estudios, la dentadura humana no está diseñada para el consumo de carne. La dentadura del ser humano obviamente guarda similitudes, en cuanto a su estructura, con la de los grandes simios. Estos (con excepción del chimpancé), llevan una dieta herbívora (gorilas y orangutanes). Sin embargo, en comparación con el chimpancé, que es nuestro pariente vivo más cercano en el mundo, la dentadura humana es mucho más débil.

Otro punto que los detractores del consumo de carnes defienden es la intolerancia del ser humano al ver sangre, vísceras o el sufrimiento de algún animal (en términos generales, por que por allí andan unas terroríficas excepciones). Esto pudiera parecer un punto absurdo en el debate, pero tiene mucha lógica.

Los grandes carnívoros se guían por un instinto que los hace indiferentes a la sangre o el sufrimiento de sus presas. Tampoco nuestras extremidades son capaces de destrozar o desgarrar a otros animales que podrán ser nuestras presas potenciales de acuerdo a nuestro tamaño y necesidades nutrimentales. No poseemos las garras o zarpas de otros grandes predadores. Esta teoría es defendida por el antropologo y conservacionista keniano Dr. Richard Leakey.

Los carnívoros también poseen tractos digestivos relativamente cortos, que les permiten una rápida digestión. Y todos sabemos cuan difícil y lenta es la digestión de carne para el organismo humano. De hecho, ya el naturalista francés Georges Cuvier (1769-1832), considerado el creador de la anatomía comparada, afirmaba que el ser humano se parece más en su morfología a los animales herbívoros que a los carnívoros.

Cuvier afirmaba que el ser humano siente una repulsión natural por la carne cruda, y solo la consume cocida o «disfrazada» de alguna manera. Sus teorías también hacían énfasis en otros aspectos como las glándulas salivales, los jugos gástricos y la intolerancia del ser humano al ácido úrico de la carne roja.

Los defensores del consumo de carne para los humanos, toman a las proteínas como un argumento para defender la ingesta de carne animal. La cantidad de proteínas que el ser humano necesita para el organismo varían mucho de un individuo a otro. De acuerdo con la Mayo Clinic, el estadounidense promedio necesita una ingesta diaria de 500 proteínas sobre una dieta base de 2000 calorías.

O sea, que esta población que se ejemplifica, necesitaría unos 156 gramos de carne diaria para satisfacer sus necesidades de proteína. Pero, ¡ojo!, el ser humano consume otras fuentes de proteína durante el día, en vegetales, semillas, cereales, huevos, lo que significaría una sobrecarga de proteínas en el organismo, mismas que pueden derivar en una intoxicación, en acidificar el organismo y esto, como consecuencia ser un detonante de demasiadas enfermedades y padecimientos.

Sin embargo, de acuerdo a un estudio de la Universidad de Harvard, el organismo del ser humano se ha acostumbrado genéticamente a la ingesta de carne desde hace milenios, incluso desde antes del descubrimiento del fuego. Debido a ello, el organismo humano ha asimilado la ingesta de carne como parte de su desarrollo adecuado. De acuerdo a este estudio, la institución publicó que el consumo de carne en su dieta, fue crucial para el desarrollo cerebral e intelectual de los homínidos. Los biólogos evolutivos Katherine D. Zinc y Daniel E. Lieberman realizaron una serie de experimentos que demuestran que la carne jugó un papel esencial en la constitución de la naturaleza humana actual.

Ahora bien, no es lo mismo el consumo de carne en siglos y décadas previas, al consumo de carne de la actualidad. El mundo está super poblado y la demanda de carne y todos sus derivados es sumemente acelerada. No es lo mismo el consumo de carne de cualquier animal criado de forma natural, silvestre, que consumir carne de animales que se engordan de forma acelerada con inyecciones de hormonas y solo Dios sabe cuantas otras sustancias y recursos más se utilicen para poder satisfacer la demanda de carne a nivel mundial.

Unos estudios afirman que el ser humano toma las proteínas de la que el animal consume, es decir, consumimos la proteína que una vaca obtiene al consumir pasto, remolacha y otros granos y hierbas. ¡Pero ahora estas vacas consumen cantidades impresionantes de hormonas en alimentos procesados o pastos plagados de pesticidas! Y no solo la carne se ve afectada por esta situación. Todos los productos derivados de los animales sufren la misma consecuencia: leche, lácteos, huevos ¡todo!

De aquí se desprenden muchos males y enfermedades que aquejan a la humanidad en las últimas decadas: obesidad, diabetes, problemas cardíacos, diabetes, niños con desarrollos acelerados, problemas dentales y trastornos digestivos como la gastritis o la colitis.

Entonces ¿debemos o no consumir carne?

Recomendar apegarnos a un estilo de vida vegano o al vegetarianismo sería muy deliberado. Aquellos que deciden afiliarse a este método de alimentación y estilo de vida necesitan ser asesorados por médicos y nutriólogos que los orienten en sus nuevos métodos de alimentación.

Los expertos de la Mayo Clinic recomiendan un método que se ha designado como Flexitarianismo. Este consiste, en términos generales, en consumir carne de manera muy esporádica, solo unas cuatro veces al mes; enfocarse más en el consumo activo de vegetales, hierbas, semillas y granos. Como todo proceso alimentario, este debe de ir acompañado por asesoría médica y una buena rutina de ejercicio.

Otro factor a tomar en cuenta es el medio ambiente. La producción excesiva de carne ha creado daños severos a la capa de ozono en ciertas partes del mundo donde pasta el ganado (esto debido al gas metano que las vacas expulsan en sus flatulencias). El pastoreo de vacas también ha causado impactos ecológicos, arrasando con extensiones de bosque o selva, o bien, desplazando a especies endémicas de sus hábitats. Además, ¿han visto el horrible trato que se le da a los pobres cerdos o a los pollos en los criaderos? Es absolutamente injusto o inhumano. Por si fuera poco, la crianza de animales para consumo humano también gasta cantidades desmesuradas de agua.

Fuente ABC. es

Hay muchas alternativas si te consideras un «carnívoro de hueso colorado». Por el bien de tu salud y del mundo, una recomendación: ya no comas carne, o por lo menos, consume lo mínimo posible, por favor!!! Por tu propia salud y la subsistencia de tu especie.

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1 COMENTARIO

  1. Creo que estoy más consciente de los impactos que genera el consumo de carne en los humanos después de leer tu artículo. Estoy consumiendo menos carne y más verduras !! Cómo bien dices es una costumbre arraigada, y más en este país, el consumo de carne pero creo que debemos promover más este tipo de mensajes como el tuyo. Saludos !

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