Las consecuencias de la cuarentena en mi vida. ¿Y ustedes?

consecuencias de la cuarentena en mi vida

Nací, renací en la cuarentena después de varios meses de gestación, de cambios internos, de despertares y conexiones con mis raíces, con mi esencia.

La Ayahuasca, una vez más, me volvió a dar a luz y me volvió a dar la Luz. La reconexión con la Pachamama, nuestra Madre Tierra ha transformado mi vida una vez más, he regresado a casa.

Las circunstancias se alinearon y cuando el mundo estuvo más en pausa, los canales de Venecia volvieron a ser cristalinos, las carreteras se bloquearon por manadas de elefantes cruzando, cuando en lugar de paracaidistas en las playas comenzaron a verse ballenas, llogré bajarme del tren acelerado de la vida para volver a caminar por mi propio pie y descalzo.

Nunca había disfrutado tanto mi casa como hasta ahora. Es más, siendo honesto, nunca la había disfrutado desde que me mudé. El acelere de la vida en la ciudad, el caos mental, la adicción a las redes sociales y mi neurosis por tratar de vivir conectado con todo y todos, casi me volvieron loco. Agradecía todo lo que tenía, pero la realidad es que no lo disfrutaba.

Pero la casa que más estoy disfrutando, la que estoy descubriendo y hoy me parece tan grande como las estrellas es mi cuerpo, esta máquina perfecta con la que todos hemos nacido y que muchos todavía no han descubierto. Y es que vivimos hablando, gritando, forzando, bloqueando, atarantando nuestro sistema mientras creemos estar buscando la felicidad o construyéndola, ignorando que nuestro cuerpo es la semilla de la felicidad que tanto buscamos.

Cuando el cuerpo está en equilibrio se vuelve radiante y brilla de adentro hacia afuera, nos sorprende y nos eleva.

Esto lo descubrí hace unos meses con el ayuno.

Recuerdo las primeras semanas en las que comencé a practicar el ayuno intermitente, caminaba por las calles y lloraba de emoción, de alegría, una sensación indescriptible recorría mi cuerpo, cierta electricidad de la que hasta podía escuchar un sonido suave pero constante, una sensación similar a la que he experimentado con la Ayahuasca.

Nuestra cultura, o más bien incultura ha menospreciado al cuerpo, incluso la espiritualidad mal entendida ha hecho lo mismo. Porque el cuerpo es el vehículo que tenemos aquí para que el espíritu pueda expresarse y si  ese vehículo no está en equilibrio, el alma tampoco puede estarlo, se bloquea, nuestra Energía Vital no puede subir por el canal central y hacer su recorrido ascendente por los chakras o centros de energía en el cuerpo.

Siempre he sido amante de la naturaleza. Desde niño hasta hace unos minutos que me levanté de mi silla en la terraza para sentarme frente a la computadora a escribir. Desde chavito, una de mis mayores dichas ha sido observar sin prisa y detenidamente al cielo, contemplar todo lo que sucede en un espacio natural mientras nosotros solo existimos siendo un elemento más.

Hace unos minutos le decía a mi pareja que no quería que terminara la cuarentena. No me malinterpreten, me refería a que no quería que terminara este maravilloso estado de rendición en el que me encuentro desde hace más de 20 días. Un estado que me ha permitido vivir más despacio, darme momentos de pausa en el día, de introspección, retomar tantas cosas que tenía pendientes y, entre ellas, estudiar mi certificación en “Cambio de Hábitos”, un tema que siempre ha sido mi fascinación. Es curioso, siempre he procurado la salud física, mental y espiritual y llevaba años muy desconectado de ella.

Sin  embargo, esta pausa mundial me ha reconectado, me ha hecho sentirme vivo otra vez, lleno de emoción, pasión, lleno de mi y contento de ser tal como soy sin la necesidad de compararme con nadie ni envidiar a nadie.

En la calma uno va vaciándose de muchas cosas, ambiciones, obsesiones que cree necesarias para sentirse feliz y no. Ahora sin tenerlas y quizás sin desearlas tanto, estoy recibiendo mucho más pero con menos esfuerzo. Estoy recibiendo eso que no tiene precio. Y lo demás está llegando solito. Vaya, trabajo por ello pero sin esforzarme de más, sin volcar mi vida entera en ello.

Mi mayor deseo ahora es Vibrar Más Alto porque se que la única forma de seguir recibiendo y viendo las cosas llegar cada vez más rápido, pero no me obsesiona porque hoy me siento feliz con lo que tengo. Mis mayores antojos y emociones son meditar más, comer mejor, seguir descubriendo secretos ancestrales, viendo películas y documentales que me den alas para volar cada día más ligero pero solo en el presente.

Hoy más que nunca agradezco el internet, si bien antes me saturaba por el uso que le daba, hoy me llena de alegría poder vivir en la era de la información y descubrir y experimentar todo lo que puede producir magia en mi. Eso es lo que hoy me interesa compartir en las redes sociales. Ese es el uso que quiero darles. Se que necesito utilizarlas para mi trabajo, pero ya es distinto. Hago lo que tengo que hacer y me brinco a jugar con lo mío.

Quien me siga en las redes notará muchos cambios. Se que a algunos les gustarán, a otros quizás no, pero lo importante es vivir para uno, ser siempre congruente y fiel a lo que uno piensa y siente y compartir con quien esté dispuesto a recibirlo. Al final, la vida nos va juntando a los que tenemos que reunirnos.

Siempre he pensado que «Todo encuentro casual es una cita».

Cuando trabajas más en ti mismo, en tu felicidad, la vida te manda las cosas sin tanto esfuerzo y te llena de magia, de señales. Como por ejemplo la que acaba de llegarme en este momento.

Interrumpí este texto para generar una compra en mi tienda en línea y cal ver la foto del Whatsapp de la persona que estaba comprando, me topo con esta imagen:

La Pachamama, la Ayahuasca, la Magia, el Cuerpo, la Mente y el Espíritu. Justo lo que estaba queriendo compartirles en esta publicación.

¿Qué más les puedo decir? Cuando estamos dispuestos y en el estado correcto para poder escuchar, la vida nos habla.

Los dejo por ahora con una sola pregunta:

¿Se atreverían a descubrir una fórmula distinta para sentirse felices?  

P.D

Se me olvidó platicarles que de hecho, la primera persona  que me dijo que regresara con el concepto de Chavo Nueva Tierra, fue el Chamán con quien hice hace meses la Ayahuasca. Fue muy extraño, al terminar la ceremonia, me acerqué a él para darle las gracias y mirándome fijamente a los ojos me dijo: «Chavo Nueva Tierra tiene que regresar». A lo que yo le respondí: ¿Tú cómo sabes de eso? ¿De dónde me conoces? Él tan solo sonrió.  

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